Una huerta hecha con lo que otros botan.
Botellas, llantas y madera reutilizada se convierten en espacios productivos donde las familias aprenden a sembrar, cultivar y cuidar sus propios alimentos. Sembramos esperanza, y de paso, comida.
- Programa
- Huerta de Reciclaje
- Para
- Niñas, niños y familias
- Formato
- Talleres y jornadas
Cuidar el ambiente como herramienta de transformación social.
Promover la sostenibilidad ambiental y la resiliencia comunitaria en las zonas de impacto de la fundación, mediante la educación ambiental, la gestión de residuos y la restauración ecológica participativa.
Botellas
Se convierten en materas colgantes, semilleros y sistemas de riego por goteo.
Llantas
Camas de cultivo elevadas que aíslan el suelo contaminado y facilitan el trabajo de pie.
Madera reutilizada
Estibas y tablones recuperados que forman las estructuras de la huerta.
Residuo orgánico
Compostaje de los restos de cocina de las propias familias, que vuelve a la tierra.
Tres frentes que se alimentan entre sí.
Talleres y actividades lúdicas
Con niñas, niños y sus familias. La teoría se aprende con las manos en la tierra, no en una charla.
Separar, recuperar, reutilizar
El residuo deja de ser basura y pasa a ser material de trabajo. Lo que sale del barrio vuelve al barrio.
Recuperar el espacio verde
Jornadas comunitarias para devolverle vida a lotes, separadores y zonas comunes del sector.
Una huerta de barrio que cuenta para el reporte anual.
Como fundación adherida al Pacto Global de las Naciones Unidas, cada programa se diseña contra los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Estos son los que toca el Programa Ecológico.
La huerta mejora la seguridad alimentaria de las familias que la cultivan.
Recuperación de espacios comunes y zonas verdes en el entorno urbano.
Separación en la fuente, reutilización de materiales y compostaje doméstico.
Restauración ecológica participativa y recuperación de suelo degradado.
La huerta enseña cosas que no caben en un cuaderno.
Es un entorno pedagógico. Sembrar obliga a esperar, a repartirse el trabajo y a volver al día siguiente aunque no apetezca. De ahí salen hábitos que sirven mucho más allá del cultivo.
Voluntariado ambiental que sí deja algo cuando se van.
Una jornada de siembra con colaboradores es fácil de organizar y bonita para las fotos. Lo difícil es que la huerta siga viva en marzo. De eso nos encargamos nosotros, porque vivimos ahí.
Voluntariado corporativo
Jornadas en campo con sus equipos: montaje de camas de cultivo, siembra y recuperación de espacios.
Zonas de influencia
Intervención ambiental en el entorno de su operación, con diagnóstico previo y relación con la comunidad vecina.
Indicadores para su reporte
Residuo recuperado, área intervenida, familias vinculadas y horas de voluntariado, con evidencia documental.